Romagnoli se despidió con una verdadera fiesta en el Bidegain: emoción, fútbol, amigos, glorias, campeones de América, música, familia y el abrazo de un pueblo que lo amará por siempre.

15 de diciembre ya era una fecha grabada a fuego en los corazones cuervos. San Torrico y la leyenda escrita en su mano de Dios, las lágrimas de Pipi esperando el pitazo final y aquel título del torneo Inicial 2013. Dicen que ahí comenzó la etapa dorada de San Lorenzo, la que siguió con la tan ansiada conquista de América y la obtención de la Supercopa, baile a Boca mediante. Son tres de las seis estrellas azulgranas que lleva colgadas en el pecho Leandro Atilio Romagnoli, el máximo ganador de la historia del Ciclón y único en completar la triada internacional (Mercosur-Sudamericana-Libertadores). En Boedo, además, nadie vistió la casaca 10 más veces que él y fue el primer Cuervo en tener en sus manos la Copa más amada. Pero, se sabe, 20 años de carrera no se construyen sólo de vueltas olímpicas, también están esos momentos difíciles, como cuando acechaba el descenso y él se puso el equipo y la historia al hombro para volver a empezar. Por cosas como ésa se convirtió en ídolo, por haber surgido del semillero, por ser un hijo pródigo, por jugar como hincha... Por eso tuvo en el Pedro Bidegain su merecida despedida, una fiesta que reunió a glorias y campeones de distintas épocas y emocionó hasta al llanto al pueblo sanlorencista. Por eso, desde ahora, el 15 de diciembre también será recordado como el día en que se despidió un hombre con piel de Cuervo.

"Estoy muy agradecido con la gente, siempre me ha tratado de maravilla y me bancaron en las buenas y en las malas", fueron las primeras palabras de Pipi al salir al campo de juego, acompañado por sus hijas, Martina y Mía, y con el aplauso de todos sus invitados que ya habían sido ovacionados por los hinchas.

Y después de tamaña emoción, llegó el momento de bajar el nudo de la garganta con la pelota en los pies, la oportunidad para ver en la cancha a glorias como Gorosito, Acosta, Michelini, Romeo y Lavezzi, a campeones de América como Torrico, Cetto, Kannemann, Mercier, Ortigoza, Piatti, Villalba, Matos y Blandi (con el Patón Bauza en el banco), y a muchos otros jugadores que fueron importantes en la historia de San Lorenzo y en la carrera de Romagnoli. Un picado distendido, con muchos goles y sutilezas, risas y pases cortos, el ingreso de Atilio, el padre del 10, hasta que llegó el cierre con la música de Vicentico, los besos y las lágrimas de su familia en el centro del campo que lo vio brillar y el reconocimiento de un pueblo que le dijo Ad10s a un Cuervo. ¡Gracias eternas, Pipi!

Los invitados que jugaron
Sebastián Torrico
Gonzalo Prósperi
Mauro Cetto
Walter Kannemann
Germán Voboril
Enzo Kalinski
Juan Mercier
Néstor Ortigoza
Ignacio Piatti
Héctor Villalba
Gonzalo Bergessio
Fabricio Coloccini
Gonzalo Rodríguez
Pablo Alvarado
Nicolás Blandi
Mauro Matos
Sebastián Saja
Juan José Serrizuela
Eduardo Tuzzio
Aldo Paredes
Raúl Estévez
Pablo Michelini
Néstor Gorosito
Ezequiel Lavezzi
Bernardo Romeo
Alberto Acosta
Gustavo Campagnuolo
José Ramírez
Román Díaz
Adrián González
Jorge Quinteros
Diego Capria
José Chatruc
Rodrigo Astudillo
Nicolás Bianchi Arce
Guillermo Rivarola
Cristian Alvarez
Damián Fagiani
Celso Esquivel
Luis Medero
Felix Benito
Leandro Di Lorenzo
Leonardo Rodríguez
Martín Saric
Guillermo Franco
Florian (Músico, hijo de Vicentico)
Iván De Pineda (actor)
Gastón Soffritti (actor)

Los técnicos
Edgardo Bauza
Ruben Insua
Oscar Ruggieri
Esteban González
 

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